Coronavirus Duras Lecciones de la Pandemia

Duras lecciones de la pandemia del coronavirus

Hay que ver la de cosas que nos descubre la vida cuando tiene lugar una catástrofe como la que estamos viviendo en la actualidad.

Porque seamos sinceros, esto no lo imaginó ni H.G Wells, si no en lugar de La Guerra de los Mundos habría escrito El apocalipsis tras el covid-19. Más atinado estuvo el científico y escritor Michael Crichton, quien además de Parque Jurásico publicó un montón de novelas sobre pandemias e infecciones catastróficas.

Pero a lo que iba, esta situación nos está dando algunas lecciones, unas nos resultan increíbles pero otras ya las imaginábamos, aunque ahora que se nos ponen de manifiesto nos preguntamos cómo no le pusimos remedio anteriormente.

Hablo de nuestros políticos y los de los otros, los de un partido y de otro, los de España, Europa, Asia y América. El caso es que no se salva ni uno. Es más, creo que la mayoría ya estarían en la hoguera si fueran contemporáneos de Juana de Arco o habrían pasado por la guillotina si hubieran vivido en el último tercio del siglo XVIII.

En lo que va de crisis del coronavirus les hemos visto cometer uno o varios de los siete pecados capitales, empezando por la soberbia, la envidia, la ira o la avaricia, graves defectos de los que han hecho gala durante la gestión de esta pandemia.

De la gula, la pereza y la lujuria prefiero no hablar. Allá cada uno con sus vicios.

Miren, si pienso en Mark Rutte o Angela Merkel se me revuelven las tripas. Ellos, tan europeístas, tan defensores de la unión, de la unidad del Viejo Continente, de la fraternidad y el apoyo plural, ahora se desmarcan y olvidan todos esos valores y se niegan a arrimar el hombro para salvar a los países que más estamos sufriendo económica, sanitaria y socialmente esta terrible crisis.

Sí, España, Italia y ahora Francia somos los más perjudicados y, claro, apelamos a la solidaridad de la Unión Europea, a la colaboración y a los coronabonos, es decir, una deuda respaldada por los Veintisiete y que no suponga una carga mayor que la que ya sufrimos tras las decenas de miles de muertos y el descalabro de nuestras economías nacionales.

¿Qué habrían pedido, exigido mejor dicho, si esta pandemia hubiera golpeado de lleno en el centro de Europa, si fueran ellos los que se vieran con las UCI desbordadas y el tejido productivo paralizado durante semanas?

Lo dicho, la náusea me puede y siento cómo las bilis me suben a la garganta cada vez que veo a uno de estos personajes ensalza el proyecto europeo.

Luego dicen que temen a los eurófobos. Cómo no, si con su actitud es lo que principalmente generan: un euroescepticismo feroz.

Y luego, por si fuera poco, tenemos lo nuestro. Entre todos la mataron y ella sola se murió, decía mi abuela.

El Gobierno por un lado, que no sabe por dónde pisa; normal por otra parte, ya que su irrupción impide conocer cómo actúa y como se extiende.

Por el otro, está la oposición, más a ver la paja en el ojo ajeno que a contribuir en su eliminación.

Es cierto que hay errores garrafales, que Pedro Sánchez y su equipo de técnicos y expertos no vieron lo que se nos venía encima, y eso que ya teníamos el precedente chino y el ataque furibundo que en aquel momento padecía Italia. Y no digamos de los reiterados consejos y advertencias de la Organización Mundial de la Salud, a los que hicimos oídos sordos.

Pero no es menos cierto que a Pablo Casado y Santiago Abascal me pareció verles empeñados en poner palos en las ruedas del Ejecutivo mientras ante micrófonos y cámaras aseguraban ofrecer todo su apoyo al Gabinete de Sánchez.

Y ahora, para rematar, sale nuestro jefe del Ejecutivo con lo de los Pactos de la Moncloa, una auténtica boutade, una propuesta sin concretar, sin puntos sobre las íes, es más, sin íes, con lo cual nadie sabe de qué va ese grandioso plan para salvar España.

A ver, señores, lo único que hay que hacer es pensar en los ciudadanos, en el país, en nuestra salud y en nuestra economía, imaginar un futuro mejor, construirlo y recuperarlo con el apoyo de todos los españoles.

¿Tan difícil es?

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