El sol brilla en La Habana, pero está prohibido disfrutar de la piscina o la playa: Cuba ha instituido una estricta cuarentena en el hotel para todos los visitantes del exterior, con el fin de luchar contra el repunte de los casos de coronavirus.

“El hotel está lleno, pero cuando uno camina por aquí parece un cementerio”, suspira una empleada mientras pasa junto a los sillones en una esquina del hotel Comodoro, ubicado junto al mar.

Desde el 6 de febrero, es la regla: cualquier extranjero o cubano no residente que llegue a la isla va directamente del aeropuerto a uno de los seis hoteles designados en La Habana para dar cabida a su cuarentena … a su cargo.

Si es uno de los países menos afectados por la pandemia en América Latina, a Cuba le preocupa que aumente drásticamente el número de contagios, con ahora 36.595 casos, incluidas 257 muertes para 11,2 millones de habitantes, y por ello decidió fortalecer las medidas.

“Varias ofertas están disponibles en el aeropuerto” o vía internet, dijo a la AFP Isabel Docampo, directora de marketing de la agencia estatal de turismo Havanatur.

Los visitantes tienen la opción de alojarse en hoteles de tres o cinco estrellas, por una factura que oscila entre los 240 y los 500 dólares durante seis días y cinco noches, la duración habitual de la cuarentena.

Cubanoamericanos

No hay muchos turistas entre ellos: generalmente son cubanos que viven en los Estados Unidos, según la Sra. Docampo, y vienen a ver a sus familias a pesar de la reciente reducción de vuelos entre los dos países debido a la pandemia.

Tan pronto como llegan al aeropuerto, se someten a una primera prueba de PCR. En el hotel se les realizará una segunda el quinto día. Si es negativo, finalmente pueden salir.

En el hotel, prohibición de salir de su habitación: “Se han establecido protocolos de aislamiento, (los clientes) no pueden cruzarse, deben permanecer aislados y el personal de salud monitorea su condición”, indica Omar Milian Torres, Gerente General del Hotel. Comodoro, que actualmente alberga entre 80 y 100 viajeros.

Desde marzo se han detectado 21 casos en este hotel, utilizados en particular para las cuarentenas de empleados de determinadas empresas extranjeras, pero ninguno en los últimos cinco días, da la bienvenida a la directora.

Al mediodía, la piscina normalmente estaría llena. Allí vemos a un cliente salir, cansado, al balcón de su habitación. Otro está secando la ropa mojada en un tendedero improvisado.

Madeleine Hernández, 49, cubana, se había ido a trabajar a República Dominicana. Cuando regresó el martes, su empresa la envió a este hotel.

En la puerta de su bungalow, con una máscara en el rostro, relata pasar sus días trabajando y leyendo, junto a su hija y su esposo, quienes formaban parte del viaje.

“Atascado”

Teóricamente, como residente cubana, debería haber ido a uno de los centros de aislamiento gratuitos habilitados para cubanos que regresan del exterior, también sujetos a cuarentena.

Pero “en mi caso, como viajaba para la empresa, ella nos paga el alojamiento”, se alegra, aunque “por supuesto, nada supera a la casa”.

En la recepción, otros cubanos de Florida, donde reside la mayor parte de la comunidad de expatriados cubanos, esperan para registrarse.

Respetarán la cuarentena porque “es la regla”, pero confiesan que no les gusta la idea de permanecer “estancados” durante cinco días. Si lo hacen, es solo para poder ver a sus familias después.

El hotel Meliá Habana, generalmente popular entre los turistas, está menos concurrido: solo 28 personas se someten a su cuarentena. Tienen la opción de un menú personalizado y reciben la visita de un médico dos veces al día. 

Mariano Elorza, gerente general del hotel, asegura que el protocolo es muy estricto: los camareros usan guantes y tienen la mínima interacción con los clientes.

“Ahora el que ordena en el hotel es el que usa la bata blanca”, dice.

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